Este es uno de los avances más prometedores de la medicina moderna.
A diferencia de los tratamientos tradicionales, que suelen enfocarse en aliviar síntomas o frenar la progresión de una enfermedad, este enfoque busca algo más ambicioso: restaurar la función de tejidos y órganos dañados, estimulando los propios mecanismos de reparación del cuerpo humano